sábado, 28 de marzo de 2009

candy






El amor es una adicción y hay quienes se destruyen por conseguirlo. Hoy día, aproximadamente a las 20quince minutos, puse el canal hbo y tuve suerte, porque justo estaba empezando una película. una como que cacha, no sé por qué, entonces me quedé mirando. y claro, después de unos13 segundos apareció el nombre y dije, ya bacán, me quedo mirando.
ásí es como empecé a ver "candy", que desde un principio me atrapó, no sólo porque tenía esas imágenes que me gustan tanto, sino que porque también actuaba el difunto heath ledger, que desde que super que se había muerto me provoca no sé, un sentimiento entre pena y rabia de que me dé pena.
la cosa es que la película, u, buena. no sé por qué, pero me gustó. sería porque en un comienzo tenía una pareja de enamorados, lindos los dos, con un amor de esos que te hacen quedar como monga y diciendo por qué cresta esas cosas no pasarán de verdá. claro que para que la película fuera buena se necesita más que dos mensos enamorados, y claro, ahí es cuando aparecen los problemas. el loquito era adicto a la heroína, y claro, como ella lo amaba, también se convirtió en droga.
de ahí, lo de siempre. problemas, problemas y problemas.

en una parte de la película el entra a la casa y se encuentra que la niña había escrito en todas las paredes, yo creo que por eso me gustó tanto, porque digamos que siempre ha sido mi sueño escribir en las paredes, y todas las películas que tienen una escena como esa se convierten en mis favoritas.

por eso mi serie favorita también era una que se llamaba freaky links, una que daban en el fox y que la sacaron después de como siete capítulos, porque absolutamente nadie la veía. solo yo, era como sagrado, de hecho como la daban justo a la hora de comida, era la única vez que mi mamá me dejaba comer en su pieza.

bueno ná que ver. la cosa es que el poema era muy lindo, pero el final no tanto. yo quería que alguien muriera pero fue más fome que eso. al final ya ninguno era lindo, de hecho el tenía los ojos morados y las venas que le reventaban.

martes, 17 de marzo de 2009

día de aquellos


renunciada en mi segundo día laboral.
sola. más sola que la última vez que me sentí sola, y triste, muy triste.
hoy día tuve una gran crisis de pánico que me duró más menos el trayecto entre alonso de ercilla y el paradero 14delaflorida. hacía tiempo ya que no me daban, pero esta ya era la segunda en dos días.

ese miedo a las calles, a la infinidad de un paradero de micro, a ese mini espacio entre el andén y el carro del metro, al niño que te mira como buscandote la sonrisa, qué se yo. todo es motivo de desnudar la garganta y brotar el miedo.

esta mañana rogué más que nunca por una cara conocida, un abrazo, un pecho tibio, sin embargo tuve que conformarme con el solo hecho de depositar los huesos en una plaza cercana, donde un día nos recostamos a reír sin nada más que nuestras aguas enlimonadas y brazos como almohada.

me convencí más que nunca que mi cabeza está llena de pájaros, que es verdá eso de que no quiero crecer y que enrealidá no me importa ser siempre el colmo de todo.

me convencí más que nunca que lo mío está en otro lugar, en otro tiempo, en otro cuerpo y otra mente.

viernes, 6 de marzo de 2009

¿Quién muere?


Muere lentamente quien se convierte en esclavo del hábito, repitiendo todos los días el mismo trayecto. Quien no cambia de marca, no arriesga a vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las íes a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracia en si mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.

Claudia


Claudia apareció en mi adolescencia como extraída de la ficción, una ficción intensa y pesimista que me devolvía un reflejo, como un espejo implacable, en mi propia realidad.
Pesimista, porque, pletórica de verdad señalaba a los misterios y a la resolución de los imposibles con su dedo singular.

Con Claudia tomábamos vacaciones frecuentemente: Nos internábamos en los recónditos enigmas de la selva del inconsciente colectivo.
Errábamos en navíos solitarios en el mar del simbolismo Jungiano.
Y la mayoría del tiempo enlazábamos nuestras mentes en paisajes pictóricos y cinematográficos.

Con ella, compartí la mayor cantidad de tiempo observando el significado de los sueños y la magnitud del cine.
Claudia era el gato de Miyazari, un ser hecho a la medida para viajar fuera de lo mundano.

Claudia era la exploradora que se dirigía en picada hacia la muerte para escudriñarla hasta sacarle un alarido para luego internarse en el silencio más profundo observando sus zapatillas rotas.

(Sacado de retratossingulares.blogspot.com, derrepente encuentras tu nombre)